si deseas consultar algo, o simplemente quieres ponerte en contacto conmigo, puedes hacerlo desde a

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Mostrando las entradas con la etiqueta anécdotas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta anécdotas. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de julio de 2025

Crónica de una laptop anunciada: cómo terminé en Windows 11 (y algunas quejas razonables)

 Hace tiempo que no publicaba nada en el blog, pero hoy, contra todo pronóstico y con café en mano, les traigo novedades. Estoy escribiendo estas líneas desde mi flamante máquina con Windows 11, que llegó a mis manos hace apenas una semana. Y sí, vengo con quejas… aunque no del tipo “drama total”, sino más bien del tipo “esto podría estar mejor, Microsoft”.


Pero antes de entrar en territorio pantanoso (hola, Windows 11), déjenme contarles cómo fue que terminé con esta computadora. Quizás más adelante les prepare una cronología digna de novela gráfica sobre mi historia con la informática, pero por ahora, vayamos al origen de esta nueva adquisición.


### Un cambio necesario (y no precisamente por capricho)


La cosa es que ya necesitaba otra computadora desde hace rato. Los seguidores de mi canal de YouTube (y los espías ocasionales también) quizás recuerden que mi anterior equipo venía dando señales de agotamiento. ¿La razón? Una caída estrepitosa en 2022 desde una mesa de plástico más alta de lo que dictan las normas de seguridad emocional. El resultado fue catastrófico: pantalla con pedacitos de vidrio que parecían polvo... o arena mágica, pero sin lo divertido.


Literalmente eran fragmentos tan diminutos que hasta la fe en Dios de cierta personita (cuyo nombre no menciono por respeto, pero ustedes ya saben quién) parecía más grande. En resumen: la compu estaba viva, pero apenas.


### Una madrugada, dos laptops y una decisión


Armado con mi iPhone 14 —que ya pide jubilación anticipada— empecé a buscar ofertas en Marketplace. Entre scrolls infinitos y anuncios sospechosamente mal redactados, me topé con dos candidatas: una Lenovo con 16 GB de RAM y un procesador AMD Ryzen (pero sin más detalles, como esos perfiles de citas que dicen “soy simpático y me gusta la pizza”)… y una HP que terminó siendo la elegida.


La operación se cerró en menos de 24 horas. A la mañana siguiente ya estaban mis aliados logísticos en el local, evaluando opciones. Algunos sugerían que, por mi discapacidad, sería mejor una laptop con pantalla táctil. ¿Mejor en qué sentido? ¿Para hacer malabares? Nadie me lo explicó. Finalmente, me decidí por una laptop HP tradicional, sin pantalla táctil pero con cuerpo de aluminio y alma de guerrera.


### Ficha técnica (modo nerd activado)


La máquina viene equipada con un procesador Intel i5 de 11ª generación, 4 núcleos y 8 hilos. Ya sueño con correr distribuciones de Linux en VMware, como quien se prepara para una primera cita con Tux. Tiene 16 GB de RAM, un SSD de 256 GB (pequeñito, pero rendidor) y puertos USB suficientes como para sobrevivir, aunque no como para montar un concierto de periféricos. Obviamente no tiene unidad de CD/DVD… porque estamos en 2025 y no en la era del hielo digital.


### Windows 11: luces, sombras y preguntas sin responder


Ahora sí, hablemos de Windows 11. La versión 24H2 me recibió con algunos comportamientos… peculiares. Como ese bug que cambia el nombre de las apps ancladas en la barra de tareas por cosas como “%1S!” o “Pinned App”, lo cual suena a experimento de laboratorio en beta eterna. Según Copilot —la IA de Microsoft con respuestas a medias— se trata de etiquetas genéricas que se aplican cuando las aplicaciones no tienen nombres accesibles. O sea: Windows se pone a improvisar.


Y me pregunto:


1. ¿Dónde están los planes de energía clásicos?

   Los de "alto rendimiento", "equilibrado", "economizador"... desaparecieron como los buenos finales de serie. Ahora solo veo “mejor eficiencia energética” y un par más, pero los tradicionales brillan por su ausencia.


2. ¿Y por qué descontinuaron el querido WordPad?

   Ese pequeño editor de texto que todos usamos alguna vez para tomar apuntes, hacer listas o escribir poemas malos. ¿Qué daño les hizo?


### Curiosidades de diseño (y advertencias de emergencia)


La estética de esta laptop recuerda vagamente a una MacBook Mid 2013, aunque en lugar de la manzanita iluminada tenemos un logo de HP texturizado, digno de un episodio de “Diseño de autor, versión OEM”.


Ahora, un dato curioso: esta computadora detecta si no está en una superficie plana. Si la intento encender sobre mis piernas, entra en pánico: dos pitidos largos, dos cortos, ventiladores en modo reactor, y calor como el de Baja California en julio. Así que, ya saben: siempre mesa, nunca pierna.


### Epílogo


Y así llegamos al final de esta pequeña odisea tecnológica. Si llegaste hasta aquí, te agradezco el aguante y la lectura. Si tenés alguna duda, sugerencia o querés que escriba sobre otro tema (tecnológico o de otro tipo), podés hacerlo desde el formulario de contacto del blog. También podés dejar tu opinión, saludar o contarme tus propias aventuras con computadoras testarudas. ¡Nos leemos en el próximo post!

                

viernes, 9 de mayo de 2025

Drama, desamor y un poquito de Constitución: La historia de una amistad que se fue a pique (y no por falta de señales)

 ¡Hola, mis queridos lectores chismosos y amantes del drama ajeno! ¿Cómo están? Espero que mejor que yo después de vivir una telenovela que ni Televisa se atrevería a producir (aunque quién sabe, si la protagoniza Bárbara de Regil, todo es posible).


Hoy les traigo una historia con más giros que una novela turca y más tensión que esperar turno en el IMSS. Prepárense, porque esto se pone intenso. No sé si sirva de algo contarla, pero al menos me sirve de desahogo… y ustedes se entretienen, así que todos ganamos.


Todo comenzó allá por los lejanos tiempos del 2016 o 2017 —ni yo me acuerdo bien— cuando entré a una plataforma llamada La Sala de Juegos . Suena a lugar de diversión inocente, ¿verdad? Pues sí… al principio. Ahí se jugaban cartas (UNO, dominó, blackjack… lo clásico), pero también había “mesas libres” donde el único juego era el del verbo. Charlas, audios en vivo… y casualmente, conocí a un chico. Joven, misterioso y al parecer, con alma de villano de Disney. No daré su nombre por respeto (y porque me amenazó más veces que un político en campaña).


Según él, si cuento esta historia me va a denunciar. Que mis historias son “ridículas”… bueno, eso es debatible. Pero ¿ridículas por contar la verdad? ¡Por favor! Me leí los artículos 6 y 16 de la Constitución mexicana, así, como quien lee horóscopos para ver si hoy toca bloquear gente tóxica. Spoiler: tengo derecho a expresarme.


Bueno, en 2018 nuestra amistad subió de nivel gracias a una plataforma de videollamadas (que, por cierto, tiene mejor sonido que algunas relaciones). En dos días ya éramos uña y mugre. De esas amistades que te hacen sentir que encontraste un alma gemela… hasta que el alma se va volviendo un poco más demonio que gemela.


Nuestra historia fue hermosa… hasta finales de 2023. Todo empezó a cambiar. Primero, él se volvió más distante. Yo trataba de entender: que si la escuela, que si la vida, que si lo mandaron a trabajar como si fuera hijo del papá de Luis Miguel. Pero llegó diciembre y él parecía más frío que ex borracho en fiesta familiar. No grosero, solo… helado. Tipo “efecto paracetamol”: respondía cada 8 horas (con suerte).


Ya en 2024, y viendo que la cosa se venía en picada más rápido que el rating de una serie cancelada, decidí distanciarme. Pero no duré mucho. A las dos semanas ya lo extrañaba, porque sí, lo quería. Aún lo quiero, si soy honesta. Pero querer no siempre basta.


En marzo, se armó el escándalo. Me mandó notas de voz furioso, con un discurso que parecía sacado de un podcast de autoayuda tóxica: que si soy obsesiva, que si loca, que si tal y que si cual. Yo llorando y él, básicamente, gritándome con voz de villano de Marvel sin presupuesto.


En mayo volvió con la clásica: “he reflexionado”. Y yo, como buena protagonista de telenovela que no aprende, acepté retomar el contacto. Grave error. El efecto paracetamol ahora venía en presentación retardada: respuestas cada 3, 4 o 7 días, y eso si el universo se alineaba.


El clímax llegó el 15 de junio, cuando le dije —con tono espiritual y casi evangélico— que sentía que su amistad no era buena para mi alma. Citando a la Biblia y todo. Pero, como dice la Escritura (más o menos): “el hombre carnal no entiende las cosas del espíritu”. Y pues, el hombre se puso fúrico .


Después de eso, volvió a su rutina de amenazas por Telegram, notas de voz pasivo-agresivas y frases tan hirientes que uno no sabe si reír, llorar o grabar un corrido tumbado con ellas. Me dijo hasta que no servía para nada, que a mi edad y yo en prepa… como si estudiar fuera una carrera de cien metros y no una maratón con obstáculos, especialmente en bachillerato abierto.


Y ya en la recta final de este drama: hace unos días, el 6 de mayo, le mandé unas notas de voz (que después borré porque sentí una especie de “no lo hagas” espiritual). Pero ya era tarde. Me contestó de malas, amenazó con denunciarme de nuevo y hasta me echó la culpa de que llegaría tarde al trabajo. ¡Como si yo programara sus notificaciones! Qué ganas de decirle: “¿Y yo qué culpa tengo de que leas mis mensajes justo antes de salir volando a la chamba, criatura?”


En fin. Para rematar, me soltó una joyita: “Mira nomás en qué grado estás, ¡no sirves para nada!”. Y no por la frase en sí, sino porque venía de alguien que fue tan importante para mí, me dolió.


Después de analizar la situación con familiares y gente más cuerda que yo, se barajaron teorías: ¿narcisismo? ¿trastorno de personalidad? ¿poseído por el espíritu del ego? Yo solo sé que el tipo ahora exuda arrogancia y soberbia como perfume barato. Y pues hasta aquí llegamos.


Querida gente linda, esto fue todo por hoy. Moraleja: si alguien te trata como si fueras un mensaje no leído… ¡archívalo de tu vida! Y si amenaza con denunciarte por contar tu historia, recuérdale que la libertad de expresión existe, y que tú escribes lo que te da la regalada gana. ¡Nos leemos en la próxima entrega de esta tragicomedia sin final feliz… pero con mucho aprendizaje!